Mostrando entradas con la etiqueta pareja. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pareja. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de abril de 2013

AGRESIVIDAD Y PAREJA: PSICÓLOGO EXPERTO.

Me llamo Ignacio González, soy psicólogo desde hace 15 años, experto en Psicología Clínica y Salud por la Universidad de Valencia, especialista en el tratamiento de la agresividad, celos y problemas de pareja. Tengo la Consulta en Valencia capital. 

Mi formación y método se centra en el tratamiento de la pareja o de la familia desde una perspectiva sistémica.

A lo largo de mi carrera profesional he realizado múltiples intervenciones tratando problemas de distinta índole, desde adicciones a trastornos de conducta, pasando por trastornos del estado de ánimo, fobias, trastornos de la personalidad, ansiedad y problemas relacionales con adultos, jóvenes y niños. 

Pueden ponerse en contacto directo conmigo a través del teléfono: 696102043.

 
O por correo electrónico: grupopsico@cop.es

 


 

Ignacio González Sarrió.

Psicólogo. Psicoterapeuta y Perito Forense. Psicólogo General Sanitario. Máster e Psicología Clínica y Salud. Máster en RR.HH. Experto docente. CAP. Diploma de estudios Avanzados. D.E.A. Doctorando en Psicología Jurídica.

jueves, 21 de febrero de 2013

EXPLICANDO LA DEPENDENCIA EMOCIONAL.

DEPENDENCIA EMOCIONAL. ¿Qué es?

de Ignacio González Sarrió.
¿Alguna vez has conocido a alguien que solo tiene palabras para hablar de su relación?, ¿del miedo a perderla?, ¿alguna vez vez has conocido a alguien que tras romper con su pareja se sumerge en una terrible y profunda depresión y angustia de la que solo sale cuando inicia otra relación?, si es así, estás ante un caso de dependencia emocional.

Las personas que lo sufren, viven con la angustia de ser abandonadas, constantemente creen que su pareja les va a dejar y les someten a continuos interrogatorios a cerca de la veracidad y autenticidad de su amor, llegan a un punto en el que la otra persona ya no sabe que hacer y en la mayoría de los casos terminan (la persona no dependiente) por poner fín a esa relación angustiante. un claro ejemplo de "profecía autocumplida".

Es tal la angustia de estas personas de ser abandonadas por sus parejas, que son incapaces de pensar o interesarse por otra cosa que no sea el objeto de su angustía, no pueden disfrutar de la vida, de los amigos, de una conversación.....no pueden trabajar, hacer deporte o estudiar y en los momentos más agudos dejan de comer y de dormir.

En estos estados de máxima ansiedad, pueden ser presas de ataques de pánico, fóbia social, además de la angustía libre flotante o ansiedad generalizada.

Sus procesos cognitivos y perceptivos superiores se ven fuertemente alterados, la atención, la memoria, el aprendizaje, el lenguaje y en general el pensamiento, dejan de funcionar con normalidad, presentandose lapsus, lagunas, déficits y alteraciones de distinto tipo, grado y naturaleza.

El rictus de la persona expresa un profundo padecer, miedo y angustía fruto de afectación nerviosa que padecen, tiene cara de pena.

En muchos casos pueden llegar al suicidio, sobretodo cuando la angustia alcanza límites insoportables.

Pero, ¿dónde está el origen de semejante alteración?. El origen lo encontramos como siempre en la infancia, suelen haber sido niños cuyos padres desarrollaron con ellos un vínculo ambivalente, "hoy te digo que te quiero y que eres muy bueno, mañana que eres insoportable y que te voy allevar con tu abuela", o que han visto amenazada su "autoestima" a través de cambios repentinos e inexperados en la reacción de sus padres respecto a ellos mismos y su conducta, es decir, que sin mediar causa alguna y frente a comportamientos inofensivos o neutros de los menores, los padres reaccionan de manera desproporcionada y repentina contra la valia personal del hijo, atacando y criticando no ya el hecho o conducta en sí misma, sino la intención de la persona y su capacidad de actuar.

Estos niños, crecen perdidos en lo emocional, sin un refernte afectivo seguro y solos en su caos. Constantemente se culpan de los errores que les atribuyen los demás y van interiorizando un autoconcepto de sí mismos muy negativo en el que la incapacidad, la falta de valía y la inseguridad son sus referentes emocionales.

Este retrato o perfil psicoemocional va perpetuándose a medida que el niño crece, se va consolidando y va dejando un rastro de experiencias que se suman al carro de las vivencias desagradables del individuo.

En la adolescencia, aparecen los primeros brotes de ansiedad y depresión y las primeras conductas de abuso de substancias, bajo rendimiento escolar, fracaso académico, dificultades de adaptación, problemas con sus iguales....etc.

Desde ese momento y hasta la edad adulta, la persona se ve apoderada de un sentimiento profundo y constante de soledad que tratará de mitigar con la búsqueda del amor incondicional. Buscará una persona que le pueda dar esa seguridad de la que carece, arrancarle ese miedo a la vida que le incapacita como ser humano, pero solo hará que trasladar sus angustias y sus temores a la relación y a la persona "mal amada".
Así, pasará de una relación a otra, en un bucle sin fín, en una carrera desenfrenada y loca por escapar de sus miedos, de esquivar a sus pesadillas.....de huir de sí mismo. No lo conseguirá jamás!!.

Finalmente, es tal el deterioro de la persona y de su integridad psíquica, que se llega a un estado en el que la psique se diluye con el exterior, perdiéndose los límites de uno mismo, confundiéndose con el exterior, con el otro...de ahí la frase: "no se quién soy ni lo que quiero...", este es un fenómeno de despersonalización muy angustiante y peligroso que puede dar lugar a un brote psicótico o a un estado delirante.

Junto a la despersonalización,- en la que el individuo siente como si lo que estuviera viviendo en realidad lo estuviera viviendo otro-, se produce la desrealización, fenomeno por el cual la persona siente como si nada fuese real, como si estuviera pero no estuviera al mismo tiempo, como si lo que vivenciase fuera un sueño...pero esto ya son estados muy agudos.

Decir que, además, es un trastorno muy mal visto, ya que la gente se cansa de ellos y los considera personas sin fuerza de voluntad...no es así, solo que no pueden ni saben actuar, sentir y pensar de otra manera....
Fdo.
Ignacio González Sarrió.
Psicólogo. Psicoterapeuta y Perito Forense.

jueves, 17 de enero de 2013

LA CULPABILIDAD Y LA RUPTURA DE PAREJA.

EL SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD PRINCIPAL ELEMENTO FACILITADOR DEL VACIO EXISTENCIAL TRAS LA RUPTURA DE PAREJA.

Toda ruptura de pareja supone dejar atrás vivencias y experiencias compartidas, intereses, hábitos y modos de vida que a lo largo de los años sustentaron y dieron sentido al día a día de dos personas, que un día se amaron y que en sus buenos momentos, compartieron un proyecto de vida, una ilusión, una preocupación mutua por su bienestar. Esa unión, si es auténtica, se convierte en el centro de la vida de la pareja y de hecho la pervivencia y calidad de la relación dependerá básica y fundamentalmente de la implicación en el cuidado de ese proyecto común, de esa unión y de la ilusión por mantenerla viva.
Pero en ocasiones surgen dificultades, adversidades externas o internas y por diferentes motivos la pareja se ve desbordada e incapaz de hacerlas frente con éxito. Esta situación se convierte, sino se acierta en la toma de decisiones, en un elemento erosionante de la convivencia, viéndose afectadas de manera ineludible las principales áreas que soportan una relación sana como son la confianza, la sinceridad, la comunicación, la empatía y la preocupación sincera por el otro.
Todo ello va generando un escenario de suspicacia mutua, de distanciamiento y de hostilidad, que termina por alcanzar un grado de deterioro tal que la pareja no puede soportar, fundamentalmente porque entiende que va en contra de la esencia misma de toda relación humana íntima, el amor y la felicidad. Así pues, terminamos por ver a la persona amada, a la persona a la que confiamos nuestras más íntimos deseos, confidencias y aspiraciones en un ser hostil, un enemigo, un extraño.
Llegados a este punto, en el que la pareja toma conciencia de la frustración y sufrimiento que le ocasiona la convivencia, elabora y madura la idea de la ruptura, de la separación, del final del proyecto en común. Esa primera idea le genera un cierto alivio, una esperanza, la persona piensa que en cierta forma está en su mano terminar con todo este sufrimiento, este padecimiento, solo le falta llenarse de valor y tomar la decisión. Para ello la vía más fácil es aumentar la tensión hasta un punto en el que las discusiones, las faltas de respeto, la desconfianza mutua se instale de tal manera, que se convierta en la protagonista cotidiana. Se trata de odiarse, terminar definitivamente con el amor y con la imagen anterior que se tenía del otro.
Así pues, la ruptura y la separación está servida, cada uno de los miembros de la pareja vierte todos sus esfuerzos en cargarse de razones acerca de la insolidaridad, egoísmo, arbitrariedad y desconfianza del otro. En esta fase se instala el dolor y las hostilidades mutuas, faltas de respeto, todo con el objeto de romper esa imagen y auto-convencerse de que la decisión tomada es la más conveniente.
Pero en muchos casos, las personas no tomamos en consideración las consecuencias de este proceso, de esta decisión, una decisión muchas veces basada en la incapacidad para valorar lo que se tiene y en la impotencia provocada por la sensación de angustia e infelicidad que nos crea sentirnos incapaces de cambiar las cosas, haciéndonos pensar que la mejor opción es la huída, la retirada.
Este tipo de situaciones a la larga, dan lugar a la presencia de un estado que aparece una vez transcurre un tiempo y las cosas se calman. Aparece entonces una enorme sensación de vacío, provocada por la pérdida de la vida en común, y surgen los recuerdos de esa vida, de esos intereses y proyectos comunes, las imágenes de días felices, la calidez de la sonrisa y el abrazo de la persona amada y uno toma conciencia de ese hueco enorme, insondable, inabarcable.
Entonces la persona, todavía inconsciente de que se encuentra inmerso en un estado peligroso de duelo no resuelto, inicia una serie de acciones dirigidas a llenar ese vacío, trata de conocer a otras personas, ocupar su tiempo, pero nada le resulta interesante, más bien se siente ridículo y estafado, francamente frustrado y enfadado consigo mismo.
Surge la culpabilidad, los pensamientos auto-culpabilizadores y los recuerdos se instalan de manera obsesiva en la mente del individuo. En ese momento, aunque trate de iniciar acciones de acercamiento a la ex pareja, en realidad están destinadas al fracaso, ese proceso está acabado. No obstante, la culpabilidad se instala se aposenta y se cronifica debido al sesgo cognitivo que el sujeto se aplica a sí mismo y que consiste en discriminar todas aquellas actitudes y comportamientos propios que le llevaron a la separación.
En este momento, la persona se encuentra en un período realmente crítico, merced a un mecanismo psicológico perverso que le impedirá ver la realidad con objetividad, elaborar el pasado y el duelo de la ruptura y le generará un estado depresivo o melancólico profundo que a su vez le incapacitará para abrirse a nuevas experiencias y conocer nuevas personas.
Si la persona no inicia un exhaustivo y complejo proceso de auto-reconciliación consigo mismo, en el cual su principal objetivo sea la restauración de su propia autoestima, se irá introduciendo más y más en su propio infierno de soledad.

Fdo.
Ignacio González sarrió.
Psicólogo-Psicoterapeuta. Perito Forese
http://psicolegalyforense.blogspot.com
696102043. Valencia.

domingo, 13 de enero de 2013

LA RELACIÓN ENTRE LOS MECANISMOS DE DEFENSA Y LAS RELACIONES SENTIMENTALES NO RESUELTAS.

 

Superar una ruptura, aceptar sin sufrimiento excesivo el final de una relación, puede para algunas personas convertirse en una pesadilla. La no resolución del conflicto pasa ineludiblemente por la incapacitación del individuo para el inicio de una nueva vida sentimental.

El refranero popular hace referencia a este tipo de mal psicológico con frases como "la mancha de mora con otra mora se quita" o "no hay mal que cien años dure", estas frases sugieren y aconsejan a la persona doliente que la mejor forma de afrontar una pérdida es relativizar su importancia, no obstante la realidad nos dice que en ocasiones la pérdida no se elabora correctamente impidiendo de esta forma cerrar el círculo.
De modo que, cabe preguntarse si existen patrones de comportamiento comunes en las personas que sufren este trastorno o conducta disfuncional. Lo cierto es que sí. Es de sobra conocido que, en general, las personas frente a los conflictos y amenazas de origen interno o externo, reaccionamos desplegando una serie de "mecanismos de defensa" llamados también "Estrategias de afrontamiento". Veamos cuales suelen estar presentes en las personas que no pueden, por si solas, superar una ruptura sentimental y quedan, por tanto enganchados al recuerdo de la persona amada y a la esperanza (inútil) de una posible reconciliación.
Algunos de estos mecanismos de defensa son consecuencia del conflicto, otros pueden sin embargo, estar presentes antes del mismo.

Agresión pasiva.
Es un mecanismo de afrontamiento que surge como consecuencia del conflicto emocional interno, el individuo puede llegar a interiorizar que personas de su entorno han contribuido a la ruptura de manera indirecta, esta idea no termina de aceptarla abiertamente, no obstante dicho conflicto puede provocar agresividad hacia los demás de forma indirecta y no asertiva, de forma que la persona muestra una máscara externa de abierta sumisión a los demás, pero detrás esconde en realidad resentimiento y hostilidad. Este resentimiento reaviva el conflicto y lo perpetua.

Anticipación.
El sujeto anticipa una serie de estados y reacciones emocionales asociadas al conflicto frente a situaciones que todavía no se han producido. Se trataría de una excesiva reactividad provocada por expectativas no realistas.

Comportamiento Impulsivo.
El individuo afronta el conflicto emocional a través de la acción más que de la reflexión, dando lugar a la pérdida en el control de los impulsos, agresividad, sexo compulsivo, abuso de alcohol y sustancias, etc, tratando con esta conducta paliar el malestar intrapsíquico.
 
Desplazamiento.
Esta respuesta consiste en convertir algo inicialmente neutro, en fuente de poder para inflingir daño a uno mismo, dotándole así de la capacidad para provocar emociones y respuestas aversivas propias de la situación origen del conflicto. Por ejemplo: "Ver un paisaje, hace recordar a la persona amada".

Devaluación.
El individuo se enfrenta al conflicito emocional interno atribuyendo cualidades exageradamente negativas a sí mismo.

Fantasía autista.
El sujeto se enfrenta al conflicto intrapsíquico mediante fantasías excesivas que sustituyen la búsqueda de relaciones interpersonales, o la resolución del problema.

Formación reactiva.
El conflicto interno hace que la persona sustituya comportamientos, pensamientos o sentimientos que le resultan inaceptables por otros diametralmente opuestos (este mecanismo de defensa suele actuar simultáneamente con el de represión). Por ejemplo: frente al pensamiento "es definitivo, no volverá nunca", el sujeto se dice a sí mismo: "seguro que se da cuenta de cuanto me quiere, recapacita y me llama".
 
Idealización.
La persona se enfrenta a los conflictos emocionales y amenazas internas o externas atribuyendo cualidades exageradamente positivas a los demás. en este caso es incapaz de observar todos aquellos aspectos desagradables o negativos tanto de la persona amada como de la relación.
 
Negación.
El individuo se enfrenta al conflicto emocional negándose a reconocer los aspectos dolorosos de la realidad o de las experiencias subjetivas, que por otra parte, son manifiestas para los demás.

Omnipotencia.
La persona cree o actúa como si dispusiera de poderes o capacidades especiales que le hacen superior a los demás. en este caso, cree que podrá convencer a la ex-pareja para que vuelva con él.
 
Racionalización.
El individuo inventa sus propias explicaciones de lo sucedido, explicaciones tranquilizadoras pero incorrectas, para encubrir las verdaderas motivaciones que rigen sus pensamientos, acciones y sentimientos. Un forma de autoengaño.

Represión.
La persona expulsa de su conciencia o no se da por enterado de los deseos, pensamientos o experiencias que le causan malestar. sin embargo el componente afectivo puede mantenerse activo en la conciencia, desprendido de sus ideas asociadas.

Sublimación.
la persona canaliza sentimientos e impulsos potencialmente desadaptativos en componente socialmente aceptables, por ejemplo: "deportes de contacto para canalizar impulsos agresivos generados por la frustración que le supone la pérdida".

Supresión.
La persona evita intencionadamente pensar en los problemas, deseos, sentimientos o experiencias que le producen malestar.
 
Fdo.,
Ignacio G. Sarrió.
Psicólogo. Psicoterapeuta. Perito forense.
http://psicolegalyforense.blogspot.com
grupopsico@cop.es
696102043.